Tomas, ama jugar al ahorcado. Pero, el ser tan obsesivo con ese juego, hará que las personas se alejen de el; nadie quiere ser obligado a jugar siempre el mismo juego. Tomas, ya aburrido, decide llamar a un espíritu para que juegue con el, pero a invocado al diablo.

Cuando me faltes este otoño y se despinten solas, tus acuarelas solas, solas, solas.