Más de una década le tomó llegar al corazón del las fieras. Latía en sangre negra y mantenía, tras sus puertas, al creador. La furia que había nacido por aquellos que le fueron arrebatados se alimentó de los rumores y leyendas que rodeaban al monstruo que causó el fin del mundo. El tiempo no hizo más que enardecer su sed de destrucción, sus anhelos vengativos. Y ahora que está frente a él, a ella, no hay nada más que confusión.