A simple vista, Mary era una universitaria ejemplar, amable, querida por todos, y siempre dispuesta a tender una mano. Pero detrás de su sonrisa y su apodo de “Gentle Mary”, se escondía una verdad que nadie sospechaba. Porque cuando la ciudad dormía ella despertaba a su verdadero yo. Y lo que hacía en esas noches, no era precisamente un acto de bondad.