En Colombia, las leyendas no son historias. Son castigos. Cuando alguien comete un pecado imperdonable, el Cobrador de Almas viene por él. Nadie sabe quién es ni cuánto tiempo lleva recorriendo el mundo. Solo saben que nunca viene solo. Cada pecado despierta una leyenda. Y detrás de cada una existe alguien que también fue condenado.