Antonela, diseñadora digital, está acostumbrada a que no la miren ni la tengan en cuenta. Hasta que nota que alguien sí lo hace. Alex, 25, trabaja en seguridad profesional y tiene una memoria que no olvida un rostro, un gesto, un aroma. Solo bastó verla desde lejos para obsesionarse. Ella es curiosa y quiere descifrarlo. Él es paciente y quiere entenderla. Lo que empieza como un juego silencioso de miradas y proximidad se convierte en una obsesión de la que ninguno quiere escapar.

Aquí comparto un pedacito de mi imaginación Siempre he creído que las mejores narraciones nacen de observar las emociones reales.