Tras un accidente, Vael Van D’merve despierta en Vatem con un Halo incrustado en la carne, los cirujanos aún no han terminado con él; en Vaten todos llevan uno, la Primorsis deforma los cuerpos y también la piedra y el metal; cuando el contacto comienza a provocarle visiones, Vael busca respuestas entre los archivos y los Sumidores, mientras en los pasillos de la clínica se arrastran los pacientes que sobrevivieron a las intervenciones, con heridas que nadie parece dispuesto a cerrar