Los padres de Tomás compraron el club K —un club nocturno que ofrece presentaciones de bandas emergentes— para que él lo manejara, y Tomás aprovecha la oportunidad para poder escuchar la música que realmente le gusta, y no la que sus padres prefieren que escuche. Haciéndose pasar por bartender para escuchar a las bandas, una noche Cristián, vocalista de la banda Inferno lo deja encantado, y desde ese momento Tomás se propone acercarse a este chico que le robó el corazón con la pasión en su voz.
