Un mundo azotado por una catástrofe borrada de la memoria colectiva tuvo que adaptarse para sobrevivir a la escasez de recursos; ¿qué frutos dio esa adaptación? Megaciudades vivientes, organismos voladores que transportan alimentos, sociedades hiperconectadas a nivel neuronal, abominaciones que escapan a la comprensión humana y organizaciones inmensamente poderosas que son dueñas de la carne y la sangre de todo ser vivo.